“Chamameceando”

“El Programa que le robò la siesta a los Federalenses” Hugo Ernesto Gomez Por LRM 910 Radio Integraciòn 90.5 Mhz. Federal Entre Rios www.federalaldia.com.ar 03454-15405581- chamameceando@hotmail.com

14/4/09

A 31 Años de la Muerte de Tarrago Ros “El Rey del Chamame”


La familia Ros - abuelos y padre de Tarragó - llegó a Buenos Aires en 1898. Eran Francisco Ros Guilera y Rosa Tarragó Miró, que traían a su hijo Antonio Francisco Amado. Llegado a los treinta se casó con Rosa, y en 1887 de aquella unión nació Antonio Francisco

 

 


Los primeros años de Tarragó giraron en torno a la barraca de cueros propiedad de su familia, especie de puerta abierta al mundo. Allí conoció a peones, mariscadores, gauchos oscuros con sombreros de enormes alas, y también a músicos de emoción intensa. De alguna manera consiguió una armónica, y no fue raro que aunque sus padres lo incentivaron a estudiar piano, el quisiera tocar el acordeón y también la batería que habría visto en algún baile de pueblo. A los quince años ya integraba distintos conjuntos con su hermano y algunos amigos, y a los diecisiete, ya decidido por el chamamé emprendió sus primeras giras. Con dos o tres músico más, subían a un tren, se ganaban el dinero para el viaje tocando para los pasajeros, y en una de esas aventuras llegaron hasta Buenos Aires. Pero el grueso de su trabajo, menos escaso que las ganancias, estaba aún en Corrientes, en los alrededores de Curuzú. Ya por ese entonces, Tarragó sentía que su pasión por la música estaba atravesada por algo más que el gusto de la aventura personal. Y para dar difusión y sostén a esa conciencia cultural, el 15 de julio de 1943 apareció la primera edición del quincenario “Brisas Correntinas”, editado y dirigido por el mismo. La publicación incluía un editorial, letras de canciones, una columna humorística, unos versos dedicados a Tarragó por su amigo Luis torres, anuncios de programas radiales y bailes.

 

 

 


Ese mismo año viajó a Buenos Aires integrando el Trío Taragüí, que dirigía Pedro Sánchez . Ya en Buenos Aires, otra visión alimentó sus sueños adolescentes -y hambrientos- de ídolo popular la imagen de Ramón Estigarribia, músico apodado Yaguareté, comiendo con deleite y sin privaciones, feliz y rodeado de amigos en un restaurante del centro. En aquél momento fue además acordeonista de Mauricio Valenzuela, de quien anos más tarde hablaría agradecido por sus enseñanzas profesionales; y también tocó junto a Mario Millán Medina. lsaco Abitbol, Ernesto Montiel, Pedro Mendoza y Luis Acosta fueron otros de los amigos que estuvieron cerca de su corto paso por la capital. En 1944 regresó a Corrientes. Al frente de un elenco llamado Melodías Guaraníes -cuya dirección en algún momento compartió con el celebrado bandeonista Oreste Hernández- realizó numerosas actuaciones en el litoral y Brasil, además de presentarse en Radio Prieto, Radio Callao y La Voz del Aire. En 1945 en vista de las dificultades para conseguir trabajo bien pago, aceptó reemplazar a Tránsito Cocomarola en el conjunto de Emilio Chamorro. Actuó con casi tres años, durante los cuales maduró como instrumentista y compositor, pero sobre todo fue definiendo un estilo propio, que sumado a su fuerte personalidad pronto desembocaría en su carrera como director. En 1947, de su fugaz unión con Elia Crespina Molina nació Antonio. Ese mismo año decidió volver a independizarse profesionalmente y para ello se radicó definitivamente en Rosario, en las puertas del litoral y cerca de Buenos Aires. Intentó sus primeros grupos, hizo sus primeras actuaciones, en La Ranchada, un local propiedad de Emilio Chamorro; en el Club Huracán de Entre Ríos, en el Centro Correntino de Rosario. Fue allí precisamente en 1948 que incorporó a Carlos Olmedo, quien sería al final su cantante, animador y amigo fiel. Aquel conjunto se completaba con Felipe Lugo Fernández, Rómulo Velásquez, Adriana Selva, Edgar Estigarribia y Alonso, el nombre de pila de este último perdido en la memoria

 

 


Los comienzos no fueron sencillos. Las presentaciones más frecuentes eran las fiestas organizadas por los prácticos del puerto, y también en los bailes montados por el mismo Tarragó, en los que a su conjunto solía sumar una orquesta de tango y una de jazz. Trabajó así hasta 1954 en que realizó su primera grabación. Acompañado por Antonio Niz y Vicente Lugo Fernández dio una prueba en Odeón, impactó por su estilo punzante e irresistiblemente bailable, y grabó un disco de 78 rpm con el Toro y Don Gualberto. Su repercusión fue inmejorable, al año siguiente volvió a grabar, y a partir de allí comenzó su ascenso. Ya entonces había agregado a las bombachas unas corraleras también bordadas que había tomado de las antiguas imágenes de Carlos Gardel, a quien mucho admiraba. . Llegando años ´60 era uno de los músicos mas populares de toda su zona de influencia, y uno de los mayores vendedores de discos del país, y los sellos discográficos se disputaban su contrato. En 1964 había pasado el millón de placas vendidas y fue distinguido con su primer disco de oro. Más adelante obtendría otro, uno de platino y el preciado Templo de Oro que la compañía discográfica ofrecía sólo a sus grandes estrellas históricas. Un día de 1966, se encontraba de paso por Buenos Aires, cuando se le apareció Antoñito a quien poco había vuelto a ver. Regresaron juntos a Rosario, y ante la decisión del jovencito y en vista de sus habilidades con el acordeón, el padre le dio en su conjunto un puesto de acordeonista suplente y presentador. Entre tanto Tarragó tenía su propio salón de baile en Rosario, El Humberto 1º, y no abandonaba la actividad gremial en la seccional Rosario de la Unión Argentina de Variedades. Los sucesivos discos de larga duración, las radios y sus frecuentes presentaciones televisivas afianzaron su popularidad, cuando ya comenzaba a ser llamado El Rey del Chamamé. En la intimidad de su casa de Rosario, se lo podría ver cenando a la madrugada junto a Angelita Lezcano, su compañera de los últimos dieciséis años, conversando con ella y escuchando por la radio chamamés. Llegó a componer casi doscientos temas - El desconsolado, Por que te fuiste, El prisionero, Madrecita, Caña con ruda o El afligido, son algunos de los más conocidos - grabó una veintena de discos de larga duración e influenció a toda una generación de intérpretes del chamamé. En sus años finales, el asma había comenzado a cercarlo. Cuando sintió el primer y último aviso de su corazón, se levantó tranquilo, se afeitó, se vistió con su cuidada elegancia habitual, y salio para internarse en el SanatorioCorrientes en Rosario. Guillermo Pintos



 

 

 

A las 14, del sábado 15 de abril de 1978 dejó de existir, victima de un paro cardíaco. Su deseo había sido dejar sus restos en Curuzú Cuatiá, y hasta allí fueron llevados, en un lento cortejo fúnebre, en cada pueblo saludado por lugareños que mucho lo habían querido. Aún hoy suele haber flores frescas en su tumba

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criado por chamameceando    5:26:25 pm — Categoría: Sin categoría

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